Encontrara el lector una página abierta a la conversación respecto de los cambios espaciales que acontecen en nuestro querido y siempre amenazado país.
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Lunes, 27 de marzo de 2006
Con la última gran trifulca sobre los reavalúos fiscales nacida de la Ley de Rentas II, tibiamente defendida por la Asociación Chilena de Municipalidades, se nos recordó que las platas recibidas por los impuestos territoriales quedan en un 40% en los municipios y un 60% se va al fondo común municipal. Gigantesca herramienta de “chorreo” que fue necesaria inventar dada la división político administrativa imperante en el país, misma que es en gran parte responsable de algunas de las desigualdades presentes en metrópolis como Santiago, pero eso el lector lo sabe.
Lo que esta contingencia invita a reflexionar, sumada a la “brillante” idea de hacer nuevas regiones (tan brillante como andar creando nuevas comunas), es que en no pocas ocasiones, por no decir en la mayoría de nuestras queridas unidades administrativas locales (municipios), la falta de recursos es crónica, especialmente complejo en comunas aisladas y aquellas cercanas a las grandes metrópolis.
Las primeras debido al alto costo para resolver emergencias de sus habitantes, por mencionar sólo una. En las segundas, el desarrollo urbano de las áreas cercanas, que lentamente se acerca a sus territorios jurisdiccionales, les plantea problemas de tipo administrativo y profesional para hacer frente a la –a veces- avalancha de temas nuevos que deben resolver, se comienzan a incorporar a circuitos de evaluación de proyectos que sobrepasan la experiencia de sus funcionarios y de sus recursos tecnológicos, transformándolos en territorios indefensos a las malas inversiones.
La enorme crisis de recursos del “municipalismo” chileno (no sólo monetarios, sino también humanos), hace pensar que debería existir un “ente” o más claramente un gobierno subpracomunal que pudiese estar dotado de herramientas, planes, programas y obviamente recursos para ir en ayuda de los municipios sobrepasados. En este sentido estimo que fortalecer a los niveles intermedios (los gobiernos provinciales) debería ser una tarea que las autoridades encargadas de este tema tendrían que tener como prioridad, no se entiende las ganas de seguir inventando nuevas regiones, con todo un aparado burocrático incluido, mismas que podrían no ser autosuficientes en la generación de sus recursos.
Creo que el debate no esta en pensar qué numero se le ponen a estas nuevas regiones, todo lo contrario pienso que deberían reducirse el número de regiones, fundir varias, en general este país no aguanta más esta estructura político administrativa, basta de crear comunas pobres, más demandantes de programas sociales. Basta de querer crear regiones.
Probablemente la solución no vaya por una estrategia tan radical como la planteada en párrafos anteriores, pero ya es hora de pensar en como ayudar a los gobiernos locales y no desde las actuales regiones, pues las autoridades presentes en éstas deberían estar para la reflexión política del desarrollo del territorio regional, los programas deben bajarse a las provincias, desde ellas decidir la asignación de los recursos.
Por: Daniel Barriga Deneken | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
Daniel:
A propósito de gobiernos locales, me pareció increible ver al alcalde de Ñuñoa manifestando (ayer en los noticiarios de la televisión), en contra de Vespucio via rápida elevada, por el daño que le haría a la comuna y los vecinos cuando ese msmo medio ha relizado un par de reportajes de como se está destruyendo la esencia de esa comuna por la fiebre de construcción en altura. Creo haber escuchado a varios vecinos diciendo lo mismo que el alcalde pero a proposito de las gruas y las vibraciones causadas por la maquinaria y las obras de las nuevas construcciones.
¡La vida nos da sorpresas! reza el estribillo de una vieja y potente pieza de salsa urbana de Ruben Blades.
Federico
Federico Arenas | 22-07-2006 14:13:59